Que Franco no levante la cabeza
(El Punt Avui)
Cuando se pregunta a una persona que ha estado encerrada en prisión Modelo por una cuestión de orden político qué uso futuro daría al recinto que ocupa dos manzanas del Eixample barcelonés, la respuesta suele ir siempre en la misma dirección: derribo integral, que no quede ni una piedra y, en su lugar, un gran parque urbano. Es una opinión respetable, también comprensible, pero que ha sido descartada por quienes debían tomar la decisión urbanística. En estos momentos, el futuro del antiguo penitenciario de hombres incluye combinar los usos residenciales con los culturales, educativos, deportivos y sociales. Habrá escombros parciales, transformación de algunas galerías y mantenimiento de elementos arquitectónicos tan relevantes como el panóptico, núcleo central del gran edificio de la calle Entença, pero la actual apariencia de prisión desaparecerá.
Mientras todo esto no llega, la cárcel se está consolidando como el mejor libro abierto para conocer el pasado reciente de este país, porque mejor que leer la historia es sumergirse en él haciendo un viaje en el espacio y en el tiempo. Recientemente, el antiguo despacho de dirección de la Modelo dio cabida a la muestra ideada por el colectivo Cultura y Conflicto La mala memoria, que, como su subtítulo indica, Álbum sonoro contra el olvido, recogía testigos de personas que fueron represaliadas por el Estado desde el tardofranquismo hasta los años ochenta. Cabalgando con esta muestra, el montaje Puig Antich, caso abierto ha podido verse en la tercera galería, transformada en teatro, y, una vez apagadas las luces y la voz del joven libertario ejecutado en 1974 al que ha dado vida el actor, Marc Pujol, una nueva actividad de carácter divulgativo toma vida hasta el 31 de enero.
Este fin de semana es ideal para ir a la Modelo y conocer con todo detalle, y también con afán didáctico, el alcance de la represión política que entre 1963 y 1977 desplegó el Tribunal de Orden Público (TOP), herramienta jurídica creada por el franquismo y asimilada por la democracia en su conversión en la Audiencia. Esta connivencia entre las viejas y las nuevas formas de represión queda muy clara en esta exposición, Generació Top, por ejemplo, con la imagen que se recoge del gobierno nombrado por Franco en enero de 1974 poniendo en la foto de familia con el príncipe de España, Juan Carlos, después de jurar el cargo. El futuro rey bendecía así a los ministros que, pocos días después, darían el enterado a las ejecuciones de Salvador Puig Antich y Heinz Chez (Georg Welzel) en la reunión del 1 de marzo de 1974, en la que el gobierno actuó como última instancia judicial.
De toda esta mala justicia del franquismo habla profusamente la exposición, impulsada por la asociación de expresos políticos, con Carles Vallejo a la cabeza. Vallejo se ha implicado tanto que, incluso, ha cedido uno de los dos coches 600 de su propiedad con la intención de ambientar al público en aquella época.
El recorrido por la muestra termina en una celda donde se muestra una obra del artista Eugenio Merino. Se trata de un busto del dictador hecho con silicona, con las gafas oscuras, el bigotito y una decrepitud propia de los últimos años. La reflexión que la visión de este rostro impone es evidente; que nunca más 22.660 personas sean perseguidas judicialmente por sus creencias políticas, que nunca más ningún otro Franco pueda levantar ni la cabeza ni la vara de matar.
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