Las zonas grises del ser humano en ‘No miris’

17/09/2026

(Magí Camps, La Vanguardia 18/09/2026)

En Chile, pero en cualquier otro lugar del mundo, como España, las heridas de las dictaduras tardan en curarse. Quienes las sufren no hablan. Hay que esperar una o más generaciones para poner palabras al abuso de poder y a la tortura con la que unos seres humanos humillan a otros. Centrada en la dictadura de Pinochet, de eso va No miris, la pieza de teatro documental del equipo Cultura i Conflicte, que ha coproducido con el teatro L’Aurora, de Igualada, en coproducción con el Grec y El Canal de Salt. La obra se estrenó en el festival de verano y ahora hace temporada en el teatro La Biblioteca.

Fruto de la investigación de la periodista Teresa Turiera-Puigbò, una de las responsables del pódcast La mala memòria a partir del que se ha construido la dramaturgia, la pieza se basa en el caso real de la chilena Verónica Estay, hija de torturados y sobrina de un torturador. Cuando Verónica conoce a una prima es cuando se plantean qué es lo que tienen que hacer con el amor que sienten hacia aquel hombre que, a su vez, también es un torturador. Sin embargo No miris es, sobre todo, insiste su director, Joan Arqué, “una obra de teatro”.

“La obra no es tan bonita con lo que explica, pero hemos intentado contarlo de manera bonita –continúa–. Con el teatro documental hemos trabajado mucho con la idea de que hacemos teatro, teatro a partir de documentos, pero teatro. No miris es una especie de thriller con elementos que en algún momento hemos ajustado al argumento para que sea más interesante para el espectador, sin traicionar la esencia”.

Arqué considera que deshumanizar a los monstruos es contraproducente: “La obra habla de las zonas grises del alma humana. Cuando no queremos humanizar a los monstruos, los deshumanizamos. Si los humanizamos lo que hacemos no es justificarlos, sino intentar entenderlos, porque estos monstruos pueden ser personas normales muy cercanas a nosotros”.

La actriz Marta Marco es quien tiene la responsabilidad de interpretar al personaje de Verónica Estay en el escenario: “Como hacemos teatro, me he empapado mucho de Verónica, para entender qué había de esa persona, su manera de expresarse y sus gestos. Con eso, he intentado entenderla. Poder hablar con ella y que viera nuestro trabajo también ha sido muy enriquecedor. La pregunta que surge es: Qué pasa cuando una historia de estas características atraviesa tu vida. Ella lo explica en sus conferencias. Es una mochila que cargan una generación tras otra, es una herida que se tiene que ir curando. La primera generación lo tapa, no puede hablar, la segunda y la tercera empiezan a hablar y trabajar lo que ha pasado”.

Pep Cruz, que hace tres personajes, manifiesta: “En todas las democracias del mundo hay gente que tortura con los interrogatorios, con el espionaje y el contraespionaje. Eso es tan malo cuando lo hace la izquierda como cuando lo hace la derecha. La condición para un actor es convertirse en una persona amoral y, de esta manera, poder entender al personaje, aunque eso no tiene nada que ver con lo que tú pienses, y si estás de acuerdo o no. La mejor definición que se puede hacer de esta función es que pone la carne de gallina”.

Teresa Turiera-Puigbò considera que el formato teatral es óptimo para explicar una historia como esta: “El teatro es el único espacio donde unos centenares de personas están a oscuras con el móvil, en principio, apagado”. Y anuncia que el día 4 de octubre Verónica Estay vendrá para participar en un coloquio en el teatro La Biblioteca.

Noticia publicada en La Vanguardia el 18/09/2026