Toda obra de teatro tiene detrás una intención. La de No mires es, precisamente, volver la vista, escarbar y hacerse las preguntas incómodas, esas que nadie quiere contestar, y que a veces simplemente no tienen respuesta. La obra de teatro, producida por la dramaturgia Cultura i Conflicte, pasa hoy a las diez de la noche por el escenario de la Cava de Olite dentro del ciclo de teatro nocturno. Traerá la historia de Camila y Verónica Estay, dos primas que se conocieron ya de mayores y llevaron, sin saberlo, una vida paralela. Una, Verónica, como niña del exilio, nacida en México, adonde sus padres huyeron tras la llegada al poder del dictador chileno Augusto Pinochet. La otra, Camila, como hija del exmilitante comunista Miguel Estay, el Fanta, cautivo primero y convertido después en un convencido represor al servicio del régimen, alguien tan conocido o más de lo que pudo ser aquí la siniestra figura de Billy el Niño. A las dos la historia familiar, llena de silencios y huecos en blanco, no les encaja. Con todas las cautelas se acercan, miran, investigan, procesan y, al final, si no comprenden, tratan de darle paz. Una historia límite tan compleja como cientos, miles de historias familiares, donde las cosas no son ni blanco ni negro.
La obra tiene el sello de sus padres, el director Joan Arqué Solà y la periodista Teresa Turiera-puigbò Bergadà. Es teatro documentado: historias basadas en hechos reales, minuciosamente documentadas, muy fieles a la realidad, pero en las se permiten “licencias a favor de las leyes dramáticas”, como explica el director. Esto es, fundamentalmente, teatro. Pero un teatro bien sujetado, con el rigor de una periodista que lleva treinta años contando historias en prensa y radio, y que ha pasado muchas horas con los protagonistas reales de esta historia. “No todo lo que verás será real, pero nada es mentira”, se lee en el cartel de presentación. “Nosotros sabíamos que esta historia es poderosa de por sí, ahora de lo que se trataba era de hacer un buen teatro con ella”, explica Arqué. Les ha salido “un thriller”, una obra que plantea preguntas escena a escena y va desplazando dónde colocas la línea roja. Camila, hija del Fanta, aborrece los crímenes de su padre. Pero, al mismo tiempo, es la persona a la que más quiere del mundo. ¿Esto, cómo lo juzgamos? ¿Se puede juzgar? ¿Quiénes somos para hacerlo? “En esta historia cuando crees que algo está solucionado aparece algo nuevo”, explica Arqué, que dice que No mires nos habla de silencios familiares, de aquello que nunca se dice, de los casos más oscuros y de “qué hacemos con el amor, dónde colocamos la línea roja”. “Yo lo primero que pienso es que todo esto es muy complejo. Ojalá no me encuentre nunca en una situación así. Lo que hemos querido es que las verdades absolutas se tambaleen”, reconoce.
Hoy, en tiempos de todo o nada, de blanco o negro, de buenos y malos, es una obra atinada. “Creo que hay que poner el acento en lo humano, que es muy amplio. Tenemos que poder ver al otro. La historia nos ha enseñado que el maniqueísmo, el blanco o negro, no nos lleva a buen puerto nunca”.
Lo van a hacer con un montaje bastante plástico, obra de Marga Puig, de esos que entran por el ojo con sencillez. No es la primera vez que visitan la Cava, donde estuvieron con la obra Moríos, acerca del edadismo.
“La Cava es un sitio que apetece visitar, donde quieres estar. Tiene autenticidad, personalidad, ves las apuestas que hacen y quieres estar ahí. Aparte de la belleza del lugar y la fuerza de la programación, claro”, explica Arqué. Reconoce estar muy satisfecho con la acogida de la obra. “Estoy contentísimo, la historia sabíamos que iba a funcionar porque impacta pero se trataba de servirla bien. Ha tenido más éxito del que esperábamos”. Ahora estarán cuatro semanas en Barcelona y luego, del 22 de octubre al 1 de noviembre, en el Teatro de la Abadía de Madrid. La idea, también, es salir al extranjero.
Artículo de A.Irisarri publicado en Diario de noticias el 25/07/2026