(Revista Godot, 20/03/2023)

LA MUJER COMO CAMPO DE BATALLA

“Las mujeres son las grandes olvidadas en la guerra”

 

El Teatro de La Abadía acoge la presentación en Madrid de Hay alguien en el bosque, una propuesta de teatro documento dirigida por Joan Arqué e interpretada por Ariadna Gil, Chantal Aimée, Erol Ileri, Judit Farrés, Magda Puig, Òscar Muñoz y Pep Pascual, que plasma en escena el contraste entre la situación que vivieron las mujeres violadas durante la guerra de Bosnia, y los bebés fruto de esas violaciones, y la España festiva de Barcelona’92.

Conversamos con Ana Maria Ricart, responsable de la dramaturgia, sobre la creación de este espectáculo y nos acercamos a la realidad de las creadoras en nuestro país a través de su mirada.

Por José Antonio Alba

 

 

De trabajar como periodista, diste el salto a la dramaturgia, un paso con el que dejaste puesto y sueldos fijos para aventurarte en las Artes Escénicas, ¿cómo surgió este volantazo profesional y vital?

Empecé a trabajar como periodista, he hecho diferentes cosas, pero básicamente hice información política y, la mayor parte de mi carrera, la hice en la radio. Entonces llegó un momento, cerca de los cuarenta años, ¡debe ser la crisis! (Risas) que empecé a sentir que me repetía, que el periodismo ya no me gustaba tanto. Había tenido épocas muy buenas en las que había disfrutado muchísimo de mi trabajo, pero empezaba a sentirme como que el tipo de periodismo que se hacía, sobre todo el político, ya no era el que a mí me gustaba y estaba como triste. Pensé: “Tengo cuarenta años. Si tengo que pasarme hasta los sesenta y cinco así, voy a morirme de tristeza”. A mí siempre me ha gustado mucho el teatro y escribir, e hice algunos cursos de dramaturgia sueltos, una compañera en uno de estos cursos me dijo que en el Institut del Teatre de Barcelona había una carrera que se llama Dirección de Dramaturgia y pensé: “Bueno, pues yo me presento. Si entro y paso las pruebas, bien, y si no, no pasa nada porque tengo mi trabajo de periodista”. Las pasé y estuve compaginando trabajo y estudios, fue una locura porque empecé trabajando de noche para poder estudiar de día, después los fines de semana para poder estudiar entre semana, pero no tenía ningún día libre, un desastre. Pero me encantó la carrera y cuando terminé, con cuarenta y cinco años, dije: “pues ahora o nunca”. Ahora miro hacia atrás y pienso que estaba loca porque, un día de agosto, decidí que dejaba la radio y dejaba todo, y me lanzaba a probar suerte en el mundo de la escritura teatral. Fue un poco arriesgado, pero habíamos ganado el Festival de Almagro con una obra que salió del Institut del Teatre, una adaptación de Fuenteovejuna, me dieron el Max por la adaptación y me lancé a por todas, a decir que sí a todos los encargos que me proponían para salir adelante y hasta hoy.

¿Qué es lo que quieres transmitir o contar a través de tu escritura?

Ser periodista o ser dramaturga, en el fondo, es un poco lo mismo, es retratar o explicar el mundo de dos maneras distintas. Con mi escritura he hecho cosas muy distintas, pero veo que, por ejemplo, Hay alguien en el bosque, me resuena mucho como periodista, he aprovechado mi experiencia como periodista, pero tengo cosas que son más íntimas también. Creo que es esta pasión por explicarnos, por explicar el mundo, por explicarnos a nosotros, nuestra situación actual, cómo es la sociedad contemporánea, en sus conflictos, tanto externos como internos, y la dramaturgia me permite esto, explicarme y explicar el mundo de una forma distinta que lo que hacía cuando era periodista.

 

Quizá entre las actrices y las directoras es más evidente, pero ¿cómo se vive desde la dramaturgia ese techo de cristal al que os enfrentáis las mujeres que os dedicáis a las Artes Escénicas?

Quizás tienes razón, que se produce más en el ámbito de la dirección y en el de la interpretación, pero también se produce en la dramaturgia, porque aún estamos presos de estas sinergias en el mundo del teatro, que a veces hay más programadores o directores artísticos hombres, por tanto, tienen más relación con otros hombres. Hay unas sinergias que aún no hemos logrado romper del todo. Creo que estamos en el buen camino, pero creo que faltan aún muchas más directoras, muchas más dramaturgas y muchas más mujeres en los centros de decisión porque ahí es donde es importante. Por suerte creo que esto está cambiando. Hay muchas más mujeres en las direcciones artísticas de las salas de los teatros y también hay muchas más mujeres ahora mismo encima de los escenarios, en todos los sentidos, y yo me alegro muchísimo de esto porque pienso que es la visión de la mitad de la población. De esta manera más niñas podrán pensar que también pueden ser directoras de teatro, dramaturgas o lo que quieran ser.

 

Ahora llega a Madrid Hay alguien en el bosque, una propuesta que habla sobre las consecuencias de la Guerra de Bosnia, poniendo el foco en las mujeres que fueron violadas y en esos niños y niñas que nacieron fruto de esas violaciones, frente al momento que vivíamos en España con las Olimpiadas del 92, ¿cómo nace este proyecto?

Joan Arqué, el director, me pasó Como si yo no estuviera de Slavenka Drakulic y me dijo que me la leyera para ver qué me parecía para adaptarla. Entonces dijo de irnos a Bosnia a hablar con la gente, a empaparnos un poco de qué significa la guerra ahora en Bosnia, hablar con las mujeres de allí, contactó con Teresa Turiera-Puigbò, que es periodista, se vinieron también un cámara y un fotógrafo y terminamos haciendo como siete u ocho viajes a Bosnia. Yo fui allí porque quería ver cómo hablan estas mujeres, cómo se mueven, cómo explican las cosas, para mi adaptación, pensaba que ver todo eso me iba muy bien. Teresa hizo un trabajo de investigación estupendo y pudimos entrevistar a varias mujeres, a tres hijos fruto de violaciones, también a un criminal de guerra, hablamos con gente de asociaciones, y en uno de los viajes, cuando ya teníamos mucho material, le dije a Joan: “Mira, podemos hacer si quieres la adaptación de esta novela, pero a mí me parece que con el material que tenemos, que por otro lado, Teresa ya estaba grabando para el documental, creo que tendríamos que hacer algo nuevo. Porque tenemos un material que es precioso y esas mujeres han querido hablar con nosotros”, entonces apartamos la adaptación e hicimos nosotros una obra. A partir de aquí, empezó todo de alguna manera.

Lo que vemos en escena en ocasiones se acerca al teatro del verbatim, tomando el testimonio de las personas que participaron en el documental homónimo, y las experiencias propias de los actores y actrices que participan en la función, ¿cómo ha sido el trabajo de composición de este texto?

Sí, cuando tú das voz a personas que han vivido cosas tan fuertes como estas, se te plantea un conflicto ético, ¿cómo podría yo ser capaz de escribir mejor lo que les pasa que la manera como lo cuentan ellas? Y al final, decidí que fueran sus palabras exactas, con sus dudas, sus imprecisiones. Por tanto, me gustó mantener sus palabras con su manera de hablar, sus vacíos, y decidí que sus palabras se mantendrían tal cual en la obra. Por otro lado, estaba nuestra parte, la de implicarnos. Hablé con todos los actores, y con todo el equipo, para que me contaran qué estaban haciendo en el 92 y qué sabían de Bosnia en aquel momento, porque también es verdad que la mayoría de nosotros Bosnia le sonaba súper lejos. A partir de todos ellos, fui construyendo la obra, tejí todo a partir de ese contraste.

 

El contraste, entre lo festivo que vivíamos nosotros y el horror que se desató tan cerca, sobrecoge. De alguna manera, vivíamos ajenos a cuanto nos rodeaba.

Ellas mismas decían “esto aquí no va a pasar, Europa no puede dejar que nos matemos de esta manera”. Y Europa lo permitió, miramos todos para otro lado. Sarajevo celebró unos Juegos Olímpicos en el 84 y Barcelona los estaba haciendo el 92. ¿Por qué no podía pasar algo así en Barcelona? No es una guerra en la otra parte del mundo, era aquí, a dos horas y media en avión.

 

Ellas lo viven en silencio por el miedo, por el trauma, por diferentes circunstancias, y los gobiernos los silencian mirando para otro lado.

Las mujeres son las grandes olvidadas en la guerra. Cuando terminó la guerra no se habló de las mujeres violadas, hablaron de los heridos, hablaron de los muertos, hablaron de cómo se repartían las cosas, de qué pasaba, pero no de ellas. A los soldados se les quería y les daban una medalla o un reconocimiento, pero nadie se acordó de ellas. Entonces, ellas tuvieron que crear una asociación que ha estado trabajando y está trabajando porque hay muchas de ellas que aún no han hablado. Hay muchos hijos que son fruto violación, que no lo sabemos.

 

Como comentas, la función apunta la importancia de dejar testimonio de cuanto sucedió para que no se repita en el futuro, sin embargo, parece que cuanto mayor acceso tenemos a la información más tendemos a repetirnos y con espacios de tiempo más cortos, ¿a qué crees que es debido?

Es cierto, ellas están documentándolo todo. Veinticinco años después continúan intentando llevar a los hombres agresores a los tribunales. Ellas nos decían: “que sirva para que nunca más vuelva a pasar, que no les pase a nuestras hijas y nuestras nietas”, pero es que no sé qué tenemos que hacer porque está pasando, sigue pasando. No estamos hablando de una cosa que solo pasó en una guerra concreta, no, es un ejemplo de lo que pasa en todas las guerras, en las más lejanas y en las más próximas, y como tú bien dices, es una cosa que vuelve a resonar ahora con Ucrania. Recuerdo que al principio salían noticias de que daban permiso a los rusos para violar a las mujeres ucranianas. Estamos en lo mismo, en todas las guerras pasa lo mismo. La mujer es el campo de batalla, es una manera de herir al enemigo. ¿Cómo es posible que repitamos errores de esta manera?

 

Al finalizar la función, el sentimiento que queda te lleva, además de darle otra dimensión a los acontecimientos, a pensar qué puede uno aportar para propiciar ese cambio.

No sé cómo se puede cambiar estas cosas, es tomar más consciencia. Lo que nosotros podemos hacer es contar lo que pasó y ser conscientes de ello, resarcir a las víctimas de alguna manera, escucharlas y que no quede todo tanto en el silencio. Seguro que en nuestra Guerra Civil sucedió, pero no se habla de ello. Es como que la violación entra en un ámbito íntimo del que no se habla. Lo cubrimos con un velo de silencio. Y no, se ha denunciar y ha de salir, no puede ser una cosa que las mujeres vivan en silencio.

 

 Entrevista publicada en la Revista Godot el 20/03/2023)